viernes, 13 de julio de 2012

Filipinas, tierra del outsourcing

 

Poco es el conocimiento de la estructura economica de la antigua colonia española y pocos son los vestigios que quedan de la otrora perla de Asia.


Tras la conquista estadounidense en 1898, Filipinas sufrió un siglo XX repleto de ocupaciones, guerras, destrucción, dictadura, desgobierno y corrupción que dejaron al país en una situación muy delicada, con niveles de pobreza críticos, una desigualdad social acuciante y una economía ahogada por su déficit energético y falta de estructura productiva y administrativa.


Sin embargo, y tras sufrir severamente la crisis asiática de 1997, la República Filipina se dirige con paso firme aunque pausado hacia el progreso y el crecimiento.


Uno de los pilares en los que se basa este crecimiento es el establecimiento de las llamadas BPO`s (business process outsourcing o externalización de procesos de negocios) y call centers por parte de decenas de multinacionales que han visto en este país un gran filón para ahorrar costes administrativos. Debido a la estructura socio-cultural “pinoy”, este país se ha convertido en enclave idóneo para este tipo de actividad empresarial.


Filipinas cuenta con una población joven muy amplia con formación universitaria, una cultura empresarial con enfoque occidental, un salario medio que ronda los 200 euros al mes y lo que marca la diferencia con respecto a países como India: su nivel de idiomas.


 El archipiélago de las 7.107 islas tiene el inglés como idioma oficial y los filipinos tienen un nivel medio muy buena, teniendo en cuenta que no su lengua nativa. A ello, se une que debido a los vínculos históricos con países del entorno, muchos filipinos hablan chino o japonés con lo que el ámbito de actuación es aún mayor.


Según el informe anual  de la corporación IBM sobre “Global Location Trends”­ en diciembre de 2010, Filipinas superó a India (tradicional líder de este mercado global) como primer destino de localización de BPO a nivel mundial.


La mayoría de empresas norteamericanas que se dedican a este negocio, ya operan en Filipinas desde hace años. En 2005, la industria ya daba trabajo a 100.000 personas y los ingresos se cifraban en 960 millones de dólares. A día de hoy, emplea a más de 450.000 personas, y se prevé que se creen unos 120.000 empleos y que las empresas facturen más de 10.000 millones de dólares durante este año. Y la progresión es exponencial.


A este fenómeno tiene una repercusión directa en el sector inmobiliario. Al igual que en gran parte del sudeste asiático, Filipinas posee un sector de la construcción estable y con grandes posibilidades de crecimiento. Tras los descensos sufridos en 2006, 2007 y 2008 que rondaban el 14%, las cifras se han estabilizado en los últimos años.


La población urbana en las Filipinas se estima que crecerá a tres veces la tasa de crecimiento de la población en general para, al mismo tiempo, concentrarse geográficamente la demanda de vivienda en entornos urbanos.


El crecimiento económico y del empleo en la última década, especialmente en el sector servicios, está impulsando la demanda de vivienda, por parte de la población local que ha observado en el sector de la construcción una buena manera de especular, lo que ha dado lugar a una escalada de precios en los últimos años.
 



La alta demanda y la falta de espacio para la construcción de inmuebles en los centros financieros de las principales ciudades han llevado a que los precios de compra y alquiler estén sobrevalorados, con un crecimiento superior al 10% anual en las zonas más céntricas; lo cual conlleva un alto riesgo de sufrir una burbuja inmobiliario.


Este hecho ha tenido como principal consecuencia la expansión de las ciudades hacia la periferia que cuenta con unos costes menores de construcción y una mejor accesibilidad, siempre y cuando las infraestructuras de transporte tengan acceso a esas áreas.


En este contexto, el país encara la próxima década con grandes oportunidades y grandes retos.


Entre las oportunidades y fortalezas destacan el enorme potencial turístico de la zona, aún por explotar; la cultura empresarial que se derivará de las BPO´s; un sector financiero de los más saneados de Asia; las políticas de partenariado público-privado para impulsar el desarrollo, y una industria tecnológica y minera en plena expansión.


Entre los grandes lunares encontramos los altísimos niveles de corrupción existentes en el país, el tremendo déficit energético y de infraestructuras y la gran lacra que es el nulo control de la población que crece a niveles desproporcionados.

La capacidad de adaptación de los filipinos y sus instituciones a este nuevo entorno decantará las posibilidades de progreso socioeconómico que tiene este maravilloso y exótico país.

Joaquin Ortega De Alba es licenciado en Económicas por la Universidad de Málaga, y actualmente trabaja en la Oficina Comercial de la Embajada de España en Manila

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